Quien Soy en Cristo

Una vez que por la gracia de Dios reconocemos nuestras faltas, errores o pecados y le entregamos nuestra vida al Señor Jesucristo, reconociéndolo como nuestro Salvador y Señor, quien murió en la cruz por nosotros y resucitó para darnos una nueva vida, comenzamos a vivir la experiencia del nuevo nacimiento espiritual. El nuevo nacimiento espiritual es manifestado cuando a consecuencia de nuestra confesión, el Señor Jesucristo entra a morar en nuestro ser por su Espíritu Santo, por lo cual experimentamos un cambio, usualmente, manifestado de inmediato por una paz sobrecogedora y un desánimo por participar en actividades, conductas destructivas o adicciones, aun cuando estas hayan sido prácticas comunes en nuestras vidas hasta ese momento. Romanos 2: 4, 2 Corintios 5: 17.

De modo que en Cristo, somos una nueva creación y nuestra antigua manera de vivir Dios no la toma en cuenta ya, sino que nos lleva a comenzar una vida nueva y, por la ayuda de su Espíritu Santo, nos enseña y nos guía a cómo vivir una vida sana y productiva en la tierra. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para la salvación de todos los hombres, y nos enseña que debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa,” Tito 2:11-12, Juan 14: 26  El cambio de nuestra manera de pensar y actuar en el día a día, constituye un proceso progresivo. Una comparación gráfica actualizada del proceso de cambio de nuestra manera de pensar y de actuar, la podemos ver con el funcionamiento de las computadoras. La computadora, en similitud con el diseño del ser humano, se expresa y responde de acuerdo a su diseño y a los programas que se le instalan, incluyendo el idioma. Estos programas pueden ser eventualmente invadidos y contaminados por los llamados virus o por información distorsionada que pueden llegar a interferir con los programas instalados originalmente.

Nuestra forma de pensar y actuar depende, en gran manera, de la cultura donde crecemos, de nuestra formación familiar, y de nuestra formación intelectual; así como del grado o intensidad del cambio que tendremos que experimentar  después de nuestro nuevo nacimiento en Cristo, que va a estar relacionado, en gran parte, con nuestra asimilación de los principios de la cultura donde crecimos, de nuestra formación familiar  e intelectual, y si estos se basan o son respaldados o no por la Palabra de Dios. Es por eso, que la Palabra de Dios escrita (la Biblia), nos amonesta a no conformarnos a los programas o maneras de pensar de este mundo, sino que nos toca ser “transformados por medio de la renovación del entendimiento”, de acuerdo a los principios que la Palabra de Dios nos enseña. “Así que, hermanos, yo les ruego por las misericordias de Dios que se presenten ustedes mismos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto”. Romanos 12:1-2.

El lograr dicha transformación por la renovación del entendimiento, requiere de nosotros: propósito, paciencia y perseverancia, los cuales son frutos del Espíritu Santo. Gálatas 5: 16-25. El producir este fruto, requiere el mantener una relación personal con Dios en Cristo a través de la oración, el aprendizaje de sus enseñanzas, Su Palabra y el recordar y declarar y vivir cada día quienes somos en Cristo, y no lo que nuestro pasado nos quiere recordar, otras personas o, aun, nuestra manera errónea de pensar o temores nos quieran hacer pensar y hacer. Juan 15:5. O sea, que la transformación de la pasada manera de ser y vivir, a la nueva vida en abundancia que Dios quiere para cada uno de sus hijos, se logra perseverando en la renovación de los programas de nuestra manera de pensar, a través de mantener viva nuestra relación personal con nuestro Señor Jesucristo, y del estudio y la declaración de la Verdad, la Palabra de Dios; cada día y cuantas veces se requiera, para ir siendo renovados y transformados hasta lograr el conocimiento pleno, de acuerdo a la mente de Cristo que nos ha sido prometida. 1 Corintios 2:15-16.

A continuación se presentan algunos principios básicos de vida que establece la Palabra de Dios que nos ayudan a establecernos en nuestra nueva identidad, los cuales debemos aprender, recordar, y declarar cada día:

  • Soy una nueva criatura en Cristo e hijo adoptivo de Dios por Cristo. Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva.

“Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad” Efesios 1:5

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 Corintios 5: 17.

“Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz”. Colosenses 2:13-14

  • Yo estoy en Cristo y Cristo en mí y por eso produzco y muestro a mi prójimo el fruto de mi relación con Él: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, dominio propio, excelencia.

“Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud. Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe”. Gálatas 5: 1, 22

  • Me dispongo voluntariamente a mantener una comunión diaria con Dios y me dispongo a ser transformado. Cuando recibimos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, tenemos acceso al Padre y podemos hablar con Él (orar) y El habla a nosotros, principalmente, a través de su Palabra

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ustedes ya están limpios, por la palabra que les he hablado. Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Así como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y se les concederá. En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas les he hablado, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo”. Juan 15: 1-5, Juan 15: 7, 8, 10, 11.

  • Decido pensar hablar y decir lo que es bueno, palabras de vida y de edificación

“Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es digno de alabanza; si hay en ello alguna virtud, si hay algo que admirar, piensen en ello”. Filipenses 4: 8

“Tampoco digan obscenidades, ni tonterías ni palabras groseras. Eso no es conveniente. En vez de eso, den gracias a Dios”. Efesios 5: 4.

“La muerte y la vida están en poder de la lengua; el que la ama, comerá de sus frutos” Proverbios 18: 21

  • En oración le pido al Señor su ayuda

“¿Quién puede discernir sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión. ¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Jehová, roca mía y redentor mío!”. Salmos 19: 12-14.

“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4: 6

  • Decido andar como hijo de luz con la ayuda del Señor para que los demás vean a Cristo en mí. Decido ser una carta de Cristo abierta ante los demás

“Por tanto, imiten a Dios, como hijos amados. Vivan en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio a Dios, de aroma fragante. Entre ustedes ni siquiera deben hablar de inmoralidad sexual, ni de avaricia, ni de ninguna otra clase de depravación, pues ustedes son santos. Tampoco digan obscenidades, ni tonterías ni palabras groseras. Eso no es conveniente. En vez de eso, den gracias a Dios.”. Efesios 5: 1-4.

“Nuestras cartas son ustedes mismos, y fueron escritas en nuestro corazón, y son conocidas y leídas por todos. Es evidente que ustedes son una carta escrita por Cristo y expedida por nosotros; carta que no fue escrita con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo, y no en tablas de piedra sino en las tablas de corazones que sienten”. 2 Corintios 3:2-3

  • Decido andar como hijo de luz con la ayuda del Señor para que los demás vean a Cristo en mí haciendo las buenas obras que Dios preparó de antemano para caminar en ellas. Honro a mis padre y madre, procuro hacer y dar lo mejor de mí en el trabajo, en la comunidad y en el hogar; ayudo al pobre y al necesitado, pago mis diezmos y ofrendas

“Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Santiago 2:18

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”. Mateo 22:37-40

“¡Dichoso aquél que piensa en los pobres! En los días malos el Señor lo ayudará”. Salmo 41:1

Escrituras Adicionales: Malaquías 3: 5-11, Efesios 6:2-4, Proverbios 4: 20-23

  • De mi decisión de andar como hijo de luz, con la ayuda del Señor, mi prójimo verá a Cristo en mí y mi identidad en Él será manifiesta.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para la salvación de todos los hombres, y nos enseña que debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa” .Tito 2:11-12

“sino que todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de la oscuridad” 1Tesalonicenses 5:5

  • Con el aprendizaje, la declaración y la personalización de éstos principios básicos de vida que establece la Palabra de Dios, nuestra nueva identidad en Cristo quedará establecida en nuestro ser, podremos, y podrán ver en nosotros las siguientes verdades acerca de quiénes somos en Cristo.
  • Soy nueva criatura en Cristo. 2 Corintios 5:17, Colosenses 2:13-14
  • Fui creado para la alabanza de Dios en Cristo. Efesios 1: 5-6
  • Soy hijo adoptivo de Dios por Cristo. Efesios 1:5
  • Tengo la mente de Cristo. 1 Corintios 2:15-16
  • Soy pámpano que lleva el fruto del Espíritu Santo. Gálatas 5: 1, 22-23; Juan 15: 1-5,7,8,10,11
  • Soy embajador de Cristo en la tierra. 2 Corintios 5:19-20
  • Soy victorioso, vencedor en Cristo. Romanos 8:37, Filipenses 4:13
  • Soy hijo de luz y sal en la tierra. Mateo 5: 13, 1 Tesalonicenses 5:5
  • Soy carta abierta de Cristo. 2 Corintios 3:2
  • Soy aroma agradable de Cristo. 2 Corintios 2:14-15
  • Estoy dispuesto a ser transformado por la renovación de mi entendimiento. Romanos 12:1-2, Tito 2:11-12
  • Tengo la ayuda del Espíritu Santo. Juan 14: 6, Efesios 1:17-20.
  • Mantengo una comunión diaria en oración y estudio de su Palabra. Salmos 19:12-14, Filipenses 4:6,Proverbios 4:20-23
  • Procuro pensar y hablar para edificación. Filipenses 4: 8,Proverbios 18: 20-21
  • Procuro hacer buenas obras. Efesios 5: 1-4, Santiago 2:18
  • Doy honra y honor. Mateo 19:18-20, Romanos 13:7, Efesios 6:2

 

“La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”

Proverbios 4: 18

Gracia: don inmerecido*

LA BIBLIA. Versión Reina Valera 1995 y Reina Valera Contemporánea (RVC)

Por: Dra. Ledy Maldonado de Rivas

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